EL NIÑO JESÚS, PERDIDO Y HALLADO EN EL TEMPLO

Empezábamos por invitarte a que el misterio desapareciera para ser realidad, porque el amor de Dios hubiera llegado a tu vida y participases de la salvación. No desesperes. Jesús participa de una realidad humana, ser admirado por su sabiduría por los sabios del templo de Jerusalén. El siguiente paso en su vida es marchar a Nazaret y vivir sometido a quienes son más ignorantes, a quienes no tienen capacidad para entender, aceptando absolutamente a esos padres y esa realidad de vivir en un pueblo de donde no puede salir nada bueno. (Jn 2,46). Pues de no haber visto desvelado el misterio, si estás sin entender, no tires la toalla, la Virgen María y San José tampoco entendieron. Vivamos la vida que Dios nos regala como ellos y dejemos que la Iglesia nos manifieste el amor de Dios. Participemos de la acción caritativa de la Iglesia, de sus sacramentos y de los tiempos litúrgicos para profundizar en la historia de salvación que Dios tiene para ti. Leamos la Biblia donde esta historia se desmenuza y relata el itinerario de nuestra salvación. Escucha y contempla.

Sus padres iban todos los años a Jerusalén a la fiesta de la Pascua.Cuando tuvo doce años, subieron ellos como de costumbre a la fiesta y, al volverse, pasados los días, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin saberlo sus padres. Pero creyendo que estaría en la caravana, hicieron un día de camino, y le buscaban entre los parientes y conocidos; pero al no encontrarle, se volvieron a Jerusalén en su busca. Y sucedió que, al cabo de tres días, le encontraron en el Templo sentado en medio de los maestros, escuchándoles y preguntándoles; todos los que le oían, estaban estupefactos por su inteligencia y sus respuestas. Cuando le vieron, quedaron sorprendidos, y su madre le dijo: «Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando.» Él les dijo: «Y ¿por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?» Pero ellos no comprendieron la respuesta que les dio.

Bajó con ellos y vino a Nazaret, y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón. Jesús progresaba en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres. (Lc 2, 41-52)